SETMAV: Mtra. Sandra Muñoz Figueroa
Mtra. Sandra Muñoz Figueroa
SETMAV
De Córdoba Veracruz, hija de Ruperto Muñoz Solano (†) y la señora Minerva Figueroa Petrilli, felizmente casada con Jesús Benítez y madre de 2 hijos, Iker de 19 años y Emma de 12.
Egresada de la Benemérita Escuela Normal
Veracruzana en la generación 1997-2001
Con una Maestría en Desarrollo Infantil de la Universidad Pedagógica Veracruzana.
Ha participado como asesora de Diplomados en la Universidad Pedagógica Veracruzana en
sus modalidades presenciales y en línea desde el 2014 a la fecha.
En el año 2015 cursó el Doctorado en Educación.
Ingresó al SETMAV como agremiada en el año 2011 siendo fundadora con un grupo de 14 compañeros de la delegación Córdoba de Educación Básica participando activamente en los comités delegacionales siendo invitada a formar parte del comité estatal en 2014 como Secretaria de Educación Básica; en 2015 tomó de manera interina el puesto de Secretaria de la delegación Córdoba Educación Básica, en ese momento se contaba con la filiación de 38 compañeros. Para 2017 contamos con una membresía de 67 compañeros y por elección de la base, tomo posesión como Delegada, puesto que hasta el momento desempeño habiendo apoyado la creación de dos de delegaciones (Enfermería Córdoba y Coscomatepec) y trabajando hoy en día con más de 100 agremiados en la delegación, logro que no hubiera sido posible sin el incondicional apoyo de nuestro Comité Ejecutivo Estatal, excelentemente dirigido por el Lic. Héctor Marcelo Ramírez Cahue.
MPM. ¿Cuál ha sido tu experiencia como maestra?
Desde niña soñé con ser maestra por lo que todo lo que ha implicado este trabajo ha sido para mí algo maravilloso, lleno de retos, pues tuve que irme de casa, trabajar en lugares alejados y con pocos recursos, sin embargo, siempre he tenido la fortuna de encontrarme colegas dispuestos a apoyarme, cobijarme y enseñarme.
A lo largo de casi 25 años he podido no sólo enseñar sino también aprender y sobre todo disfrutar y divertirme con los pequeños que día a día alegraron mis mañanas en mi etapa como docente. Tuve la fortuna de trabajar en contextos rurales, semiurbanos y urbanos y en jardines unitario, bidocente y completos, lo que significó cambios importantes en la manera de enfrentar estos retos, puedo decir qué de cada centro en el que he laborado me he llevado gratos recuerdos, mucha experiencia y sobre todo, grandes amigos. Aprendí con los años que el ser docente requiere un sin número de habilidades profesionales y humanas para hacer frente al día a día, ya que no se trata solo de impartir conocimientos si no de hacer que cada alumno viva una estancia feliz en la escuela y que lo que aprenda en el jardín de niños le haga sentir seguro en sus futuras etapas.
En mi fase como asesora de docentes he intentado sembrar el interés en mis colegas por siempre mantenerse a la vanguardia, buscando herramientas que nos permitan aprender y enseñar de manera innovadora y divertida, pensando siempre en el interés supremo de la educación que es, que nuestros alumnos sean el centro de toda actividad educativa.
Algo que me gustaría dejar como legado.
Siempre he pensado que el papel del docente se ha desvirtuado con el paso del tiempo, sin embargo considero que cuando uno realiza su trabajo con amor, con responsabilidad y compromiso es más fácil dejar huella. Nunca había pensado en cuál será mi legado, sin embargo quisiera que cuando alguien les hable a mis hijos de mí, les digan que amé mi trabajo y que me esforcé siempre por hacer las cosas lo mejor posible.
Mi trayectoria ha sido un viaje de dos mundos:
17 años sembrando semillas en el jardín de niños y el resto del camino alzando la voz por la justicia laboral de mis compañeros. Al mirar atrás, mi mayor deseo es ser recordada no por los años cumplidos, sino por la coherencia y la entrega en cada etapa.
Aspiro a dejar un legado de trabajo honesto y compromiso inquebrantable; que se me recuerde como alguien que entendió que educar es un acto de amor, y que defender al magisterio es un acto de justicia. Mi meta siempre ha sido servir con integridad, desde el pizarrón hasta la oficina, con la esperanza de haber dejado nuestro gremio un poco más fuerte y unido de lo que encontré



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